Me dijeron: \"Levántate y camina\",
y el alma, que en la sombra se encontraba,
sintió la mano pura y divina
que de todo dolor me rescataba.
Ya no arrastro los pies, voy más ligero,
el fardo de la angustia se ha perdido;
soy de Dios el humilde caballero,
un hombre por Su gracia renacido.
\"Aquí estoy, mi Señor, para escucharte\",
respondo con honor y con templanza;
mi vida es un lienzo para Amarte,
mi paso es un himno de esperanza.
Los caminos hoy se vuelven transparentes,
el perdón ha borrado cada herida;
ya no hay muros ni sombras disonantes,
solo existe la paz de una nueva vida.
Bendigo lo que ha sido y lo que viene,
las flores y el rigor de la tormenta;
pues sé que Tu mano me sostiene
y en cada prueba mi fe se alimenta.
Las horas de dolor templaron mi alma,
forjaron el carácter de este hombre;
hoy cosecho el tesoro de la calma
y encuentro mi refugio en Tu nombre.
Donde el mundo se quiebra y se desgarra,
donde falta el amor y sobra el frío,
yo seré la madera y la guitarra,
el canto de paz, el cauce de este río.
Gracias, Padre, por darme la victoria,
por hacerme digno de Tu luz y Tu herencia;
caminaré escribiendo nuestra historia...
¡con amor, con honor y con conciencia!