Raiza N. Jiménez E.

Delirios.-

Sufre por ti esa, mi delirante alma.

Remanso de amor era tu presencia.

Hoy, mi ser angustiado pide calma.

Y mi abatida alma llora tu ausencia.

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Ahora, me miro y no me reconozco.

Siempre fui mujer sensata y adusta.

Hoy, al oírme percibo un trato osco.

Se ha atenuado aquella mujer justa.

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Me observo y solo veo una extraña.

Grave es ese fútil desconocimiento.

La cordura se convirtió una maraña.

Tal certeza, solo atrae sufrimientos.

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¡La angustia es inocultable realidad.

En negar lo visible, no hay bondad!