Alberto Escobar

Eclosión

 

 

Significó —o supuso una eclosión,
un liberarse, un desasirse del cuello
una cadena que ya pesaba, que respirar
se hacía trabajoso, la contaminación,
el mal aire —o enrarecido— dentro de
las cuatro paredes que llenaba entonces,
el mantener el trabajo, duro, en tiempos
en que el euro estaba especialmente bajo,
lo que se ganaba entraba por un bolsillo,
salía por otro —sin solución de continuidad—,
dormir se tornaba ejercicio díficil, la frente,
de noche, al reposarse sobre el almohadón,
no acababa de encajar bien entre el sargazo
enmarañado de su fibra, los pensamientos,
insistentes, punzantes, pinchaban la sien
como alfilerillos de sastre en la probatura
de un nuevo traje, a medida, árido todavía
al tacto al principio, extraño a mi piel...
Una eclosión, eso sentí, al permitirme 
un destino no del todo benevolente —si tiro
de histórico— probar en otra ciudad, otro
trabajo, otra circunstancia humana, otro
cemento en torno, otro aire, otro... Una
eclosión en toda regla, otra bendición,
otro suceso en mi vida que me hizo mirar
el destino con otros ojos —como un amigo—. 
Sí, eso me significó, y ahora —pasados ya dos
lustros—, y me significa, un mejor estar,
respirar, disfrutar, en este árido mundo,
sin quien no quiero estar aquí...