Mirarte me asusta.
Me resulta complicado explicar lo que sucedió
cuando intenté escuchar tu pregunta:
me perdí en tu mirada,
en tus gestos casi teatrales,
en la forma en la que te inclinas para susurrar.
Me quedé en tu sonrisa,
esa que nació cuando notaste
que me quedé en la primera sílaba de tu pregunta,
porque me había perdido en ti.
Cuando miré tu letra desordenada,
pequeña, fuera del margen de la hoja...
con letras demasiado separadas entre sí
y otras demasiado cerca.
Escrito en rojo lo que se supone debería decir en azul,
y viceversa.
Al mirarla, comprendí
que me enamoré hasta de tu letra.