**~EMYZAG~**

**~Novela Corta: La Cascada Azul~**

Novela Corta: La Cascada Azul 

Por: Srta. Zoraya M. Rodríguez Sánchez

Seudónimo: EMYZAG

Comenzada: 9 - 11 (16) de marzo de 2026…

Publicada: 16 de marzo de 2026…

Terminada: 16 de marzo de 2026…

Editada: 16 de marzo de 2026…

Mi #4 de novelas cortas en el año 2026…

Mi #237 de novelas cortas hasta el año 2026…

7012 Palabras 10 Páginas





~ * ~Sinopsis:

~ * ~Sofía y Eduardo son amantes y acuden a La Cascada Azul a amarse…allí es su rincón secreto o nido de amor…




La Cascada Azul es un río y es tan hermoso que su paisaje no queda a la deriva de cualquier transeúnte sin pasar desapercibido ante sus propios ojos. La vida comienza a despilfarrar el cometido de ver el cielo de lluvia y que cae por donde la cascada baja de manera vertical. El cauce del río es hermoso y es un deleite para los ojos de la gente que lo visita. La vida queda autómata creyendo que la vida es fácil, pero, no, no es tan difícil como si fueran dos amantes de ocasión que se miran fijamente a los ojos desde que se descubre que se aman más que nadie. La Cascada Azul como se llama la maravilla en el lugar quedó todo como un hermoso río y como todo brío en el corazón de los que acuden allí al lugar para dar un chapuzón en ese río de las mil maravillas. La Cascada Azul quedó como el enjambre más deseado en todos los ojos por observar a la gran maravilla del mundo. La gente va y viene desde lejos de la vida misma admirando sólo la belleza universal cuando se adquiere el tormento friolento y más conveniente de todos los momentos. El deseo arde de ver a La Cascada Azul llena de resplandor, magia y la idea universal cuando en el silencio se quema la llama ardiente de una sola fogata. La Cascada Azul se llenó de ideas fortalecidas queriendo amarrar la sola idea y se contempla el sólo deseo de ver al cielo lleno de magia y de resplandor. Si afortunadamente La Cascada Azul quedó como el tiempo lleno de magia, recelos y de una cascada llena de un sol resplandeciente. La Cascada Azul permaneció de color cuando llegó la noche como el velo de la noche más hermosa y tan vestida como el color de nácar virginal de la luz de la luna. La Cascada Azul nos alumbró a la noche como un sólo tormento de ideas frescas, autómatas y de gran escala cuando en el silencio quiso ser como el sueño o como ser el dueño de una cascada de nombre azul. La Cascada Azul quedó derribando el suelo y el deseo en caer por el cauce de un río azul verdoso donde existe la piedra en el río más grande del mundo de agua dulce. La Cascada Azul se atreve a desafiar el tormento, la vida y la manera de edificar el mismo delirio delirante de creer en el alma como el mismo desafío frío. El ocaso de todo un día de veraniego resplandor quedó todo como la esencia y, más como la misma espuma blanca deseando ver el velo de la luz de luna virginal caer por la corriente en deshielo atravesando un cauce en vertical. Y, así, demostrando que la vida no es pasajera ni autómata cuando queda solo el control de una sola verdad efímera que corre como la corriente verticalmente y de un cauce real donde queda el deseo y el velo del cielo con nubes de color blanco reflejado en La Cascada Azul. La Cascada Azul se torna intrínseca, inestable y muy osada, cuando arde el deseo por dar un chapuzón en ese río lleno de frío y calor. Si La Cascada Azul comenzó a dar una sola señal y fue la espuma de color blanco como el velo bello de la noche con nubes de color blanco. Las personas acuden al río más hermoso de todos los tiempos cuando el río caudaloso, templado y muy tranquilo quedó como el sentimiento frío y tan nefasto como el delirio delirante de creer en el ocaso frío de un sol que se fue del cielo logrando llegar la noche más fría como el velo más lindo de todos los tiempos. Si La Cascada Azul se torna exasperada y derramando la frialdad más perenne de todos los tiempos cuando cae sus aguas más dulces por el cauce dejando una espuma bella sobre el río azul verdoso. La Cascada Azul es una leyenda, pero, tan real como una novia vestida de novia con ese velo con espuma que le hace ver tan hermosa y tan bella como al entrar por la iglesia. La Cascada Azul es aquel lugar donde los enamorados se aman, se miran a los ojos y se dicen un caluroso te amo. La Cascada Azul es aquella que se cree venidera y muy consecuente en la estancia de ser, de estar y de pertenecer allí a ese lugar tan caprichoso y tan exótico como el ver y sentir a esa cascada azul dentro del cauce más hermoso como luce La Cascada Azul y con su eterna espuma esencial para observar y poder ser amado como los enamorados más enamorados y con el corazón flechado de amor. 

Sofía es una mujer de cabellos negros como el azabache y de ojos negros como la noche más oscura, más tenebrosa y misteriosa de todas las noches frías. Sofía es la amiga de Ana y Eduardo es el esposo de Ana, por lo tanto, Sofía es la amante de Eduardo. La vida y la amistad no ligan como un sólo mal tormento y se identifica el ocaso sin sol desde que Sofía es la vil y ardiente amante de Eduardo. Sofía siente en su corazón una fría desolación cuando transcurre como discurre un sólo deseo de creer en el deseo de amar a Eduardo, pero, en el albergue de su instinto y si es tan distinto como observar desde adentro de su propio corazón al corazón de Eduardo. Sofía es la amante ardiente y sin ocasión de Eduardo. Sofía ama a Eduardo y no sabe si ser más fiel en amistad con Ana o ser más fiel a Eduardo. Sofía, sólo, presiente que su alma y su corazón van más allá de la vida y de la razón a cuestas de un sólo corazón que no sabe que su amor es ser la amante de Eduardo. Sofía cree que la amistad es incierta como el amor hacia una fiel amistad. Sofía advierte que el corazón no mira ni observa ni percibe la fidelidad en el alma y, más en el corazón advirtiendo que el reflejo en el espejo se queda como el alma sucumbiendo en un delirio delirante de creer en el ámbito terrestre. Sofía llegó y alegó que la fidelidad en amistad se siente como el desafío inerte de creer en la adyacente amistad cuando no ocurre ni transcurre la idea en convertir a la vida sin fiel amistad. Sofía quedó como el mal tiempo o como la vida de creer en el amor de amante hacia su eterno amor Eduardo. Sofía quedó como el alma y el corazón enamorado de Eduardo, pero, fallando en la fiel amistad entre ella y Ana. Sofía quedó como la infiel amistad, traicionada y con felonía en el acto de la fiel amistad entre Ana y ella. Sofía quedó triste porque la amistad fue desleal y quedó como el alma y el corazón devastado de frustraciones dadas por un temor incierto en no creer en la fiel amistad. Sofía quedó como la fuerza en la espera inesperada que encrudece a la vida y al corazón amando como a nadie y como nunca a Eduardo. Sofía no fía ni lía a la vida y el amor en la fiel amistad. Sofía no cree ni siente que la amistad está forzosa por mantener una fiel y linda amistad. Sofía se esforzó mucho por mantener esa fiel amistad para que no se revele la ansiosa verdad cuando la verdad que es fiel amiga de Ana y la amante del esposo de Ana. Sofía y su hermosa amistad con Ana, es la fuerza y la esperanza innata de creer que será la más fiel amiga de Ana. Sofía cree y siente que la amistad es desleal como la felonía en traición cuando la vida de Ana es un fiasco por vivir sin saber nada de la traición de Sofía con Eduardo. Ana se atreve a revivir la vida, la forma y la manera de creer en el alma desierta de forma y de manera real como la vida en trance en recrear a la insistencia de tener una amistad traicionada con la infidelidad de Eduardo con Sofía. Sofía es la amiga fiel de Ana, cuando en el albergue de todo y de todos los días se enfrascó la forma más ideal de entrever a la vida cuando le fue infiel en una cruel y fiel amistad. Sofía lo que quiere es ganar en tiempo y espacio el amor de Eduardo hacia Ana y quedarse con el amor de Eduardo. Sofía claramente y evidentemente desea amar a Eduardo y lo consigue y lo advierte, pero, en el afán de querer soltar rienda suelta sólo aseguró una infiel amistad junto a su amiga Ana. Sofía aguarda un tiempo exasperante cuando en el alma y más en la comedia que perpetra por no hacer descubierta su infiel amistad con Ana conlleva una sola mala idea y muy extenuante en poder sentir. Sofía es la amiga infiel de Ana, la que lleva entre sus ideas sólo amar al esposo de Ana como la amante más fiel y más dedicada en el amor para soltar rienda suelta y quedar con el amor de Eduardo.

Eduardo sin sentir la forma más adecuada en mantener las dos relaciones vivas sólo le advierte a Sofia que se podrán ver en La Cascada Azul. La Cascada Azul es un sitio o lugar predestinado para el amor y los amantes del río y, también para los amantes del amor. La Cascada Azul es un lugar bello de un río muy caudaloso, templado y muy tranquilo donde se ama el amor entre parejas y se dice que nadie más vaya a allí, pues, es el lugar de los amantes y del amor vivo entre las parejas donde se aman al sol en plenitud. Sofía y Eduardo se ven allí y se aman una vez más, su amor es completo, distante y muy infiel, pero, se aman a pleno sol del día. Ellos conversan y tienen un diálogo formal, serio y muy convincente, para quedar en ver todos los fines de semana cuando él podía para mantener la relación viva y muy estable. Eduardo es un hombre incapaz de solventar una relación, es débil de corazón y de alma sin luz, de la que emana en la mirada, si tiene y posee una opaca mirada de las que encierran todo dolor y sin poseer paz. Eduardo mantiene el sol en la mirada de Ana, pero, sus instintos y sus pasos le advierten más soledad que ningún hombre en la vida ni en la existencia. Eduardo sin calmar redención ni pasión adecuada va y va en busca de su locura y de su pasión todos los fines de semana en La Cascada Azul. La Cascada Azul se viste de ternura, pasión y de una extensa gama de colores vivos desde que el azul del cielo se viste de colores vivos para hacer del lugar un bello momento entre los amantes que acuden al lugar. Eduardo lleva el mejor vino y entre sus manos todo el amor para dar a Sofía. Sofía no lleva nada sino una cara de no muy buenos amigos. Sofía habla directamente con Eduardo y no quiere más tener una infiel relación con él para que se decida por una vez y por todas. La Cascada Azul está inadvertida, clara y muy apaciguada, pero, en el alma de Sofía y Eduardo está bravía, intranquila y muy exasperada. La Cascada Azul sólo advierte fríos contendientes y muy condescendientes cuando en el albergue de la vida y del corazón de Sofía y Eduardo se atreven a identificar la claridad y la oscuridad entre el desierto y la viva voz de La Cascada Azul. La Cascada Azul advierte una fuerte corazonada de frío, álgido viento, y un torrente de sensaciones de agua dulce en la piel, cuando corre la cascada como espuma en el río, es el velo del cielo y con nubes blancas atemorizando e irrumpiendo en un desenlace frío en tomar una sola decisión entre los amantes es casarse o no. La Cascada Azul perpetra ese espumeo en la cascada es donde los novios, amores y amantes deciden si casarse o no. El momento les llega a Sofía y a Eduardo para aclarar su tórrido romance como amantes cuando se miran a los ojos y miran al suelo ambos y sin poder tomar una decisión directa y firme acerca de lo que siente su corazón. Eduardo es un hombre débil y un hombre sin tener pantalones firmes teniendo dos relaciones con dos mujeres diferentes sólo se eleva una sola idea en soltar un sólo capricho en demostrar que su mundo se le viene abajo. Eduardo posee una cruel desfachatez por tener y mantener dos relaciones, las cuales, no tiene rienda suelta en hacer del amor uno vivo, firme y tan fiel como la luna y el sol al cielo, pero, la lluvia llegó por placer nada más cuando en el suburbio autónomo de la verdad y de la creencia de ese amor vivo, tenaz y muy claro y contundente, si  es con o sin estupidez de parte de él. La Cascada Azul se atrevió a desafiar la vida, la firmeza y la claridad de una espuma que quedó en el cauce después de hacer la caída en vertical hacia el río causada por un desnivel del terreno y en ese vil y terrible momento es que algunos de los enamorados proponen matrimonio a sus respectivas parejas. Eduardo le propone en el río a Sofía que se podían ver los fines de semana en La Cascada Azul. 

Ana inadvertida, insospechada y sin poder creer de la infidelidad que le acomete Eduardo sigue manteniendo la relación con su esposo. Ana continúa la fiel amistad con Sofía y sin percatarse que es la amante de Eduardo. Ana, sin apenas sentir, sospechar o deliberar que Eduardo tiene una amante, va en busca de una pitonisa que le augure y vaticinó su futuro con Eduardo. Ana en su iniquidad como mujer de Eduardo pierde toda razón en busca de un buen futuro con Eduardo. La vida de Ana comienza a despilfarrar veneno cuando Eduardo no es capaz de invitar a Ana a una cena romántica ni tener detalles bonitos con ella, por eso, Ana acude a una pitonisa para que le vaticinó su futuro con Eduardo. La vida para Ana despilfarra ansiedad, estrés y temor por perder el amor de Eduardo. Ana comprende que su corazón está débil y necesita más amor por parte de su esposo Eduardo, pero, Eduardo no despierta de su iniquidad por ofrecer detalles románticos en la relación con Ana. Eduardo, sin saber de lo que desea realizar Ana que es acudir a una pitonisa, sólo, tiene ojos, mente, pensamiento y sentimiento por el amor de Sofía, la cual, es su amante. Eduardo y Ana se ven por última vez en el recibidor del hogar, se despiden con un beso seco, sin amor, sin pasión, sin emoción y cada uno parte a su destino. Ana acude a la pitonisa y Eduardo a La Cascada Azul. Ana, por el camino, va pensando e imaginando un gran futuro con Eduardo, tal vez, hijos, más detalles románticos, otro hogar, viajes y salidas románticas, pero, en realidad que la pitonisa parece que tiene otra verdad y, más dolorosa que un buen futuro con Eduardo. La vida enfrasca, encrudece y advierte que la forma de vivir se aferra a la idea en convertir el amor en una pasión, pero, es sólo con el amor de Sofía, la fiel amante y la infiel amistad de Ana. Ana llega al hogar de ésta pitonisa. La pitonisa tiene varias citas, mientras que Ana espera su turno. El hogar de la pitonisa es un hogar rústico, posee varios cuadros astrológicos, una puerta de madera de ébano y ventanas en cristal, unas sillas en donde se espera el turno y unas plantas como palmeras en cada esquina. La vida de Ana teme por el vaticinio que le espera por ser expresado por la pitonisa y puede ser un futuro bueno como malo. La vida de Ana comienza a despilfarrar sensaciones, ansiedades, estrés y emociones encontradas desde que se sienta en la silla a esperar por su turno. La vida de Ana es una vida traicionada, infiel, devastada, insospechada y muy dolorosa porque, aunque ella es feliz es incapaz de solventar toda la verdad de que su fiel amiga Sofía es la amante de su esposo Eduardo. La vida comienza a difundir luz, amor, sosiego, paz, detalles, pasiones, si es en lo que piensa Ana antes de ser atendida por la pitonisa. El turno de Ana llega con la pitonisa. Ana recorre un pasillo largo, mientras va observando cuadros de astrología con los signos zodiacales colgados en la pared, con luz opaca y un silencio aterrador menos por una música muy baja de fondo. Ana teme por la expresión de la pitonisa a lo que le vaya a decir acerca de su futuro con Eduardo. La vida de Ana no caduca ni expira sino que debe ser fuerte, pero, su débil corazón le augura soledad, tristeza y un cometido siempre en caer de bruces abiertas en el suelo por donde la lluvia recorre su paso. La vida para Ana encrudece, no sospecha que su esposo tiene una amante de nombre Sofía y que es su mejor amiga. La pitonisa abre la puerta, una puerta que cruje con la soledad, mira detenidamente a Ana a sus ojos y le dice que… -“veo en tus ojos dolor, intranquilidad por una traición que pronto sabrás tú, siéntate frente a mí…”-. Ana toma asiento sin primero observar todo a su alrededor, nota que hay una mesa con una bola de cristal, humo de incienso y una música muy baja, entonces Ana le habla a la pitonisa y le dice que… -“quiero saber mi futuro con Eduardo”-.

Ana se acomodó en la silla y notó que la bola de cristal expele humo de un futuro incierto y que pronto ella sabrá cuando la pitonisa augura o vaticina su futuro con Eduardo. La pitonisa tomó un paquete de cartas mágicas y expresa a Ana que… -“parte a las cartas en tres pedazos”-. Ana temblando la mano, llena de nervios y estrés quiso saber de su futuro. Ana pudo saber una cosa que si ella cree o no crea a la pitonisa es la creencia más delictiva cuando no sabe qué rumbo escoger. La pitonisa mira y observa a Ana cuando se detiene en su observación y le expresa que… -“Ana no tiene futuro. Yo, sólo, veo sangre. Yo, sólo, veo tiempo sin tiempo porque te quedan tres días para vivir para cuando puedas saber la verdad descubrirás el enfado, el coraje y la ira de una mujer traicionada y engañada por su esposo. Tú no tienes futuro Ana. Yo veo en blanco tu mundo cuando hay muerte segura. Yo no veo que tengas futuro de ahora en adelante, si te quedan tres días para vivir”-. Ana pagó el importe por el servicio brindado. Ana quedó anonadada y estupefacta con un futuro incierto, un futuro falso para ella y, aunque no le creyó nada a la pitonisa Ana, aún, no sospecha de nada. Ana, en su automóvil, piensa y piensa de lo que expresó la pitonisa acerca del futuro con su esposo Eduardo. Ana, con imaginación, decide pensar y pensar porqué le quedan tres días de vida, si tiene toda una vida por delante con Eduardo. Ana se riposta y asienta con la cabeza, piensa y piensa y teme por su vida cuando le quedan tres días de vida. Mientras que, Eduardo se ve a escondidas con Sofía en La Cascada Azul. Eduardo mantiene su relación efectiva, directa y firme con Sofía amándose una vez más bajo el candente sol en la cascada que está predestinada para los enamorados, amantes, amores y novios. Sábado es ese día por la mañana y La Cascada Azul está dispuesta a todo, a otorgar paz, tranquilidad, color azul verdoso, amor y pasión a todos los enamorados que visitan y acuden a La Cascada Azul. Sofía y Eduardo presentes en La Cascada Azul no detienen su peregrinaje, andar y caminar por los alrededores que ofrece La Cascada Azul para poder ser observada, destinada y apasionada para todos los enamorados. La pasión se viste de rojo y La Cascada Azul de color azul verdoso y llena de espuma hacen del lugar una comitiva como el enlace de un matrimonio fiel y muy apasionado. Sofía y Eduardo se hallan en los predios de La Cascada Azul y sin temor ni temer al futuro, pero, ¿qué futuro?, dicen ellos, mientras viven hoy día. Sofía y Eduardo porfían y juran que su amor es pleno, paz y amor cuando no les importa hacerse ver en La Cascada Azul como dos enamorados de la vida. Sofía ama a Eduardo, pero, Eduardo está indeciso si dar o no dar ese paso para pedir y exigir divorcio a Ana y quedarse con el amor de Sofía. Ana, distraída, estrésica y ansiosa, llega al hogar y no encuentra a Eduardo. Ella decide visitar un restaurante sola y sin acompañante para poder pensar y dar cabeza a su imaginación por el vaticinio que le dijo la pitonisa. Ana, sólo, delibera en su solo pensamiento si era verdad o no la expresión en vaticinio que le auguró ésa pitonisa. Ana piensa y piensa y, aún no cae en duda acerca de la relación con Eduardo y que tiene una amante cuando la pitonisa le vaticinó su futuro con tres días de vida. Ana no tiene futuro si dijo la pitonisa. Ana, joven y jovial, una jovenzuela con un futuro por delante, piensa qué sucederá en tres días. La vida para Ana de fragante esencia se convierte en una esencia de hediondez mortal cuando en su iniquidad sin sospechar nada le llega a su olfato esa esencia innata de muerte. La muerte para Ana no la piensa, no la imagina porque simple y sencillamente es joven, jovial y tiene un futuro por delante con Eduardo. 

Ana está en su hogar, si es el primer día después del vaticinio con la pitonisa. Ana no sabe qué hacer si después que la pitonisa auguró que no tenía futuro con Eduardo no la dejó ni dormir. Ana se dispone a salir de ese encierro en el hogar si es la siguiente mañana después de dialogar con la pitonisa. Ana desayuna y decide salir de ese encierro que le atosiga más y más su vida y sus pensamientos. Ana recorre de punta a punta y de esquina a esquina a todo el pueblo, compra algunas cosas y la deja en su automóvil. Ana acuda a La Cascada Azul, aunque es un río muy nombrado por todos, todos no lo visitan de seguido. Eduardo y Sofía se habían marchado de La Cascada Azul. Ana logró llegar al lugar. Ana observa a todo el lugar, el cual, es un lugar muy hermoso, cálido, lleno de pasión, amor y deseo y con una paz incontrolable. Ana queda totalmente enamorada del lugar y confía en volver a visitar a La Cascada Azul con Eduardo algún día que permita la vida. Ana queda en total peregrinaje caminando en los alrededores de La Cascada Azul observando y mirando a la total espuma que hace la cascada verticalmente para enamorar a los enamorados y proponer matrimonio con el velo de la novia que personifica la cascada con la espuma. La Cascada Azul se torna bella, condescendiente y muy hermosa hasta que llega el anochecer y Ana se marcha del lugar llegando al hogar donde se encuentra Eduardo. Ana le habla por primera vez a Eduardo acerca de La Cascada Azul. Eduardo omite expresiones, diálogo y conversación con Ana acerca de La Cascada Azul. Ana le advierte a Eduardo que acudirá y visitará más seguido a La Cascada Azul. Eduardo nervioso, con estrés y ansioso, sólo piensa en evadir la conversación a Ana. Eduardo en su escritorio posee un arma letal que guarda en el buró para que no estorbe. Ana conoce y tiene conocimiento de que Eduardo tiene esa arma en el hogar. Ana no desea conocer ni saber nada acerca de las armas, pero, que si un día decide utilizar no dudaría en poder utilizar el arma a cambio de su defensa, pero, que por el momento todo está en orden. La vida de Ana mantiene un secreto pernicioso, suspicaz, en pericia y es la conversación que tuvo con la pitonisa de que ella no tiene futuro. Ana recostada en el sofá, sólo, piensa y piensa en esa noche acerca de lo que dijo la pitonisa que no hay ni existe futuro para ella. La verdad es la verdad y la falsedad es falsedad, pero, ¿cuál de los dos creer?, se decía Ana. Ana en su iniquidad e insospechada vida asienta con la cabeza que averiguará todo acerca de ese futuro sin futuro y que podrá sobrepasar lo que sea con tal de tener un nuevo futuro con su esposo Eduardo y que será mentira toda la conversación con la pitonisa si, sólo, quedan dos días más para saber toda la verdad. La pitonisa y el juego que ella posee con la bola de cristal y las cartas, si Ana no consigue saber la verdad acerca de ese vaticinio. La bola cristal en aquella ocasión reflejó cómo y dónde terminará el futuro de Ana, pero, la pitonisa no le auguró más de lo que le expresó en vaticinio, aunque, la pitonisa sí supo el final nefasto de la vida de Ana. La pitonisa sin querer herir el corazón de Ana,sólo, le dijo que le quedan tres días de vida. Ana, joven y jovial, no dudó de que su vida tendría un final fatal. Ana, consecuentemente, piensa y piensa recostada en el sofá con Eduardo a su lado por qué no existe futuro para ella y, sólo, se imagina un final terriblemente fatal, un suicidio, una muerte, un accidente o un asesinato. La vida para Ana es inconscientemente buena en bondad, sin penuria ni carencia, o sea, que Ana  tiene todo, pero, ¿qué le falta a Ana?, si tiene todo hasta el amor incondicional de un hombre que es su esposo Eduardo. Ana piensa en su intranquila vida y recostada en el sofá sin hacer nada, sólo piensa en su desdichada vida que está próxima a suceder. 

Eduardo y Sofía acuden al río La Cascada Azul sucumbiendo en un trance delictivo, infiel, un acto indecoroso y un mal convenio entre dos amantes que se miran por última vez con calor ardiente y vehemente en la mirada con unos ojos que piden ayuda, auxilio y socorro por la pasión ardiente y la llama encendida de un amor como ningún otro. Sofía ama a Eduardo y Eduardo ama a Sofía más que a Ana cuando perpetra una huida, una escapada y una salida hacia un futuro incierto entre Sofía y Eduardo dejando inerte el corazón de Ana. La soledad y lo solitario matan al corazón de Ana, si Eduardo sería capaz de poder engañar con traición y felonía a su corazón. Ana suspende en el tiempo un pensamiento, un sentimiento y un arrepentimiento por haber acudido a visitar a ésa pitonisa que le augura que ella no tiene futuro. La vida de Ana está intranquila, sin paz ni sosiego no calma en redención que ella no posee ni tiene futuro cuando en el albergue de un corazón sabe de toda la verdad que ella ama a Eduardo y que Eduardo la ama. Ana durmió una noche sin paz, intranquila sin destino ni camino qué seguir, sólo, pensando que ella no tiene futuro cuando mira hacia el lado derecho de su cama Eduardo ya había desaparecido de su cama y de su hogar, si Eduardo se halla en La Cascada Azul con Sofía, si es el segundo día después del vaticinio. La vida de Ana quedó en la intemperie pensando que queda solamente un día de vida. La vida atormenta, enfrasca una sola mala idea y que algo no la deja vivir más. La fuerza en voluntad y la frialdad en gélido viento la hace ver insatisfecha, intranquila, ansiosa y eficazmente sin paz hasta que Ana halla la única salida y es ir y acudir a La Cascada Azul, pero, algo la detiene y es el pensamiento fugaz en continuar pensando que ella no tiene futuro. La vida de Ana se atormenta, se intensifica y amedrenta en querer saber un futuro que no existe para ella cuando su vida pretende terminar y acabar en un punto cuando ella es tan jovial y tan joven, aún. La vida de Ana continúa en ese segundo día de vida con vida pensando, sólo, que el tercer día será el final de sus días y que en el juego del amor, de la vida y del insistente futuro sin futuro no existe futuro. Eduardo y Sofía, sin saber que puede ser el último día en acudir a La Cascada Azul, se aman apasionadamente y vehementemente, arde la hoguera entre sus ojos como llama encendida de un amor pasional y allí mismo bajo ese sol candente en La Cascada Azul se desnuda el alma, se apasiona el corazón y se enciende la ilusión cuando se aman a la vanguardia de un sol como testigo de ese caluroso amor. La vida se torna áspera, intrínseca, devastada y muy incierta cuando no se percibe un futuro exacto y todo porque Ana no posee futuro como vaticinó la pitonisa hace exactamente dos días cuando ella acudió a una cita de astrología para poder saber acerca de su futuro y, es un futuro sin futuro para Ana. Sofía y Eduardo se aman indeleblemente sobre la toalla en el río La Cascada Azul y es un calor caluroso, vehemente y ardiente lo que persigue al amor y, más el amor apasionado entre dos seres que se aman como la verdad. La presencia y la esencia de Sofía y Eduardo en La Cascada Azul se debate en una pelea inmortal del amor a cuestas de la pasión e indeleblemente se torna fructífera la relación entre Sofía y Eduardo. La vida no calma en redención de que la vida atormenta como apasiona y la vida es intranquila o es la paz que encrudece un tiempo que se atemoriza en vivir la vida. Ana despertó de esa noche tan intranquila durmiendo y pensando, sólo, que ella no tiene futuro como vaticinó la pitonisa. La vida es fuerte para Ana, la vida encrudece y advierte peligro cuando la vida desea terminar con la vida. 

Mientras que, Sofía y Eduardo se ven en La Cascada Azul Ana despierta de un sueño en letargo desde que la noche anterior no concilia el sueño porque ella no tiene un futuro incierto. La vida, el amor, la muerte, el perdón, la traición y la felonía están dispuestos a hacer lo que sea con tal de hacer daño. La vida petrifica un futuro incierto cuando no existe futuro. La vida encierra un sol clandestino y deja ver la lluvia en tormenta y tempestad cuando el amor y la pasión quizás o tal vez puedan ganar una contienda o una camorra en marrar una situación tan indeleble como poder tener un futuro cierto y es el futuro entre Sofía y Eduardo. La vida comete un fugaz deseo tan cierto como el amor puro y verdadero cuando Sofía y Eduardo se aman sin dolor, con paz y tranquilidad, aunque, en su conciencia arde la traición y la felonía entre una amistad y un supuesto amor de Eduardo hacia Ana. La amistad de Sofía y Ana es una fiel amistad que cruza estándares, que lleva conciencia, confesiones de amores hacia hombres y que la amistad entre Sofía y Ana rompen fronteras y barreras. La amistad es fiel y pura, aunque, con la traición dispuesta a traicionar cuando se petrifica el amor, la prudencia, la quid y la presencia de un amor como el amor de Sofía y Eduardo. La vida para Ana edifica un tormento, una ansiedad, unos nervios, un estrés en poder identificar que le queda un día de vida sin poder tener un futuro, aunque sea incierto. Ana piensa y piensa que su futuro no existe y que el vaticinio de la pitonisa es verdadero. Ana está tranquila y en total paz, piensa que solamente tiene un sólo día de vida cuando no sabe, no sospecha ni siente cómo su vida ha de terminar fatalmente porque ella no tiene futuro. Ana siente que su vida desaparece del todo y que su vida, aunque, la pitonisa vaticinó que no tiene futuro ella pretende saber a ciencia cierta por qué no existe su futuro. Ana calma en redención su intranquilidad, su paz inestable y la sensación que encrudece su vida cuando se perpetra un final fatal en tan sólo un día de vida. Ana, sólo, siente y presiente desafiar al mundo, a la vida, al amor y hasta la suerte cuando percibe que su mundo, que su vida, que el amor y que la suerte van contra ella, pero, hasta el final peleará por vivir, aunque, el amor la mate de dolor. Ana está tranquila por parte del amor y que es su esposo Eduardo, un hombre fiel, hogareño y trabajador. Ana no duda nunca jamás acerca del amor de Eduardo, pero, que no existe futuro con Eduardo, lo cual, pensó. Ana pensó e imaginó que las salidas de Eduardo sin ella, siempre son los fines de semana por la mañana y Ana volvió a pensar e imaginar que la infidelidad existe, pero, que no, no puede ser con Eduardo. Ella se imaginó una infidelidad por parte de Eduardo, aunque ella no se imagina con quién, sólo se dijo para sí, que… -“me mataría el corazón”-. A Ana, sólo, le queda un día de vida cuando la pitonisa vaticinó, pero, en ese mismo instante que pensó en la infidelidad ella no pensó que le queda un día de vida. Ana edificó el tormento de pensar y pensar e imaginar de porqué la vida resta y porqué queda un día de vida si para ella todo está normal y va todo como viento en popa. Mientras, que Sofía y Eduardo van en peregrinaje por todo el río La Cascada Azul, se viste todo de color blanco espuma, el río no da conciencia, no razona ni posee conocimiento sino que se viste de color blanco como la pureza y la luz de nácar virginal del color de la luna como presagiando un gran e inmenso amor como el amor de Sofía y Eduardo. Sofía y Eduardo caminan alrededor del río La Cascada Azul como presagiando un futuro incierto entre ambos enamorados como la vida muestra el amor, muestra el perdón y muestra la traición, pero, el dolor, el recuerdo y la vida marcan trayecto y trayectoria, aunque, se posea un gran e inmenso amor como el amor de Sofía y Eduardo.

Hoy es domingo y quizás sea el último día para que Eduardo y Sofía se puedan ver en La Cascada Azul antes de que Ana se entere de toda la verdad. Ana tiene las ganas inmensas de regresar y caminar por los alrededores del río La Cascada Azul para poder deleitar a sus ojos mirando y observando a ese inmenso río. La vida de Ana resta un día de vida predicado y vaticinado por la pitonisa cuando Ana acudió a una cita con ella. Ana está atemorizada porque le queda un sólo día de vida sin saber ni siquiera sospechar cómo finalizará su vida. Ella piensa en una herida mortal, en un accidente, en una muerte súbita, un suicidio o en un asesinato, pero, que ninguna de éstas alternativas está la expectativa en poder vivir. Ana atemorizada, pero, no asustada comienza una comitiva de pensamientos, ademanes fríos y conciencia limpia pensando, sólo, qué sucederá muy pronto. Mientras, que Eduardo yace en el río La Cascada Azul con Sofía la vida adhiere como imán el amor puro y verdadero sintiendo una corazonada muy fuerte por amor. La vida para Ana comenzó a edificar el tormento frío, friolento y tan frívolo como poder ser directa y tan discreta como el mismo silencio autónomo de la vida, cuando el vaticinio de la pitonisa no aseguró la vida. Ana y el vaticinio quedan muertos de espantos, cuando la vida quedó en una pesadilla inmortal, cuando la vida, sólo, le dio una sola buena idea que fue ir y acudir a La Cascada Azul en un domingo de verano. Ana acude al río La Cascada Azul. Ana nota y observa a una pareja bien enamorada bajo la toalla amándose vehementemente y calurosamente. Ana se sienta al lado de la toalla donde se halla ésa pareja amándose como nunca antes con amor y pasión. La pareja, aún, no se percata que tiene espectadores y que, aún, se siguen amando bajo la toalla, cuando de repente, el río La Cascada Azul, un río sólo para enamorados cae el velo del cielo de color blanco con tanta espuma alrededor que no diseca al río ni a su cauce. El presagio de ésta espuma es amor puro, del bueno, y verdadero, un presagio de matrimonio para toda la vida, algunas parejas se toma fotos, otros piden y se comprometen en matrimonio, otros piden un deseo y otros de aman bajo la toalla. Sofía y Eduardo sin percatarse de nada ni de nadie como espectadores del verdadero amor que allí estaba ella, sí, Ana. Ana advierte que sus gafas de sol son un delirio o un tormento en poder ver mejor al río La Cascada Azul y con sus propios ojos. Ana se quita las gafas de sol y la pareja al lado de ella, aún, se siguen amando como nunca. Ana ,sola y solitaria, yace en el tormento de edificar su vida como en la más amarga soledad en el río La Cascada Azul, si es un río sólo para enamorados. Ana con paz, sosiego y templado el corazón va y va a observar el río, cuando ella del suelo se levanta, sus pies se enredan con la toalla de los enamorados que se aman vehementemente y ardientemente en el suelo del río La Cascada Azul. La toalla se cae y advierte peligro, sensaciones crudas y de infiel acto. La toalla cae en una perdida redención, y sin salvación sin edificar el tormento y sin creer en el amor verdadero e impoluto. La toalla deja ver a los enamorados, dos seres que se aman locamente, y con una locura adyacente, se pierde todo temor y toda ansiedad, con tanto estrés y nervios que se asustan y que hacen temer que el tiempo se acerca porque Ana le queda un sólo día de vida. La toalla cae y cae también el temor de ser evidenciado y torturado por el amor y acto infiel. La toalla cae desde los cuerpos de los enamorados, también todo el amor y toda pasión dada, ofrecida y brindada por el mismo amor. Ana se disculpa, pide perdón, pero, no hay perdón ni redención, no hay compasión, no hay condenación ni mucho menos un delirio delirante de creer en el amor fiel e impoluto de un amor como el amor de Eduardo.

A Ana le queda un día de vida que la pitonisa vaticinó cuando acudió a su cita y ella no se equivoca jamás porque es la gran pitonisa. La toalla se enredó entre los pies de Ana y dejó caer fiel amistad, fiel amor, infiel deseos, infiel pasión e infiel conmoción. La toalla dejó caer amor y pasión impoluta, la realidad quedó en sospechas incoloras, de un río La Cascada Azul, y se fue del cielo un rico sol hacia una rica lluvia en cruel tempestad. La toalla de esos dos enamorados dejó caer tiempo muerto, amor ideal, y pasión buena cuando la toalla dejó caer el amor a tiempo parcial de un amor entre el río, la cascada y la espuma de la cascada. Ana no volteó ni miró nada, ni tan sólo, a dos enamorados, sólo, se disculpó, pidió perdón y no hubo más condenación que el mismo amor en el corazón hacia Eduardo. A Ana le queda un sólo día de vida. Si la pitonisa vaticinó, la que en el alma y en el corazón se atrevió a decir y a expresar toda la insistente verdad a ella. A Ana, sólo, le queda un día de vida, sólo falta el amor, o el perdón hacia su único y verdadero amor que comenzó toda una vida con ella sin imaginar que con su mejor amiga Sofía era infiel. La toalla dejó caer el tiempo, el amor y la pasión delictiva de un amor infiel. Ana se disculpó y pidió perdón, pero, el tiempo no perdona ni condena a nadie, sino que el instante se pierde en el alma y, más en el corazón. Ana supo toda la verdad de que su esposo Eduardo se estaba revolcando con la amante en el río La Cascada Azul, un río para los eternos enamorados. Ana sin mediar palabra se fue de allí, sí, del río La Cascada Azul, cuando de repente, se dio la vuelta y dijo, sólo, adiós. Ana sin recordar que, sólo, le queda un día de vida como la pitonisa vaticinó. Ella, tomó el arma del buró del escritorio de su esposo Eduardo y dejó caer sangre, pasión, amor fiel y fiel amistad y redención en el alma y, más en el corazón. Un sólo disparo en el corazón matando el alma y, más el corazón a toda razón, a todo perdón y a toda condenación. Un sólo disparo en el corazón que, sólo, perpetró un ademán frío, frívolo y tan friolento que dejó la huella en el suelo marcando trayecto trayectoria de sangre. A Ana le quedó un día de vida y, así la pitonisa vaticinó de que ella no tenía futuro y todo fue así.                         

FIN