Elena de Mayo

Florecita Silvestre Bajo tu Sombra

Mi Señor,
perdona esta angustia y temor
que siente mi corazón.

Ayúdame a entender,
que tu fidelidad, eterna es;
cómo me cuidaste ayer,
lo harás mañana, otra vez.

Te exalto, Señor y Rey,
por tu corrección y gran poder.

Tu corazón puedo ver,
en lo pequeño,
y en lo extenso,
en el firmamento, 
y los colores del cielo.

Tu delicadeza y perfección
son un regalo que calma mi dolor.

Como pequeña flor,
insignificante a la percepción
de cualquier caminante,
así puedo ser yo.

¡Eso es!
Una florecita silvestre,
de color resplandeciente,
hermosura indiferente,
pequeña,
pero que da color a la naturaleza.


Gracias, 
Hijo de Dios,
que me miras
como yo miré aquella flor.

Tú, 
me tomaste,
me regaste,
y también 
me cuidaste.

Bajo tu sombra estoy.
Allí en el silencio,
Me rindo por completo,
para escuchar y recibir tu paz,
tu sanidad y libertad.


Enséñame en el secreto,
A alabarte por completo.
Tan hermoso eres Señor,
plenitud de todo a mi alrededor.