Mi Señor,
perdona esta angustia y temor
que siente mi corazón.
Ayúdame a entender,
que tu fidelidad, eterna es;
cómo me cuidaste ayer,
lo harás mañana, otra vez.
Te exalto, Señor y Rey,
por tu corrección y gran poder.
Tu corazón puedo ver,
en lo pequeño,
y en lo extenso,
en el firmamento,
y los colores del cielo.
Tu delicadeza y perfección
son un regalo que calma mi dolor.
Como pequeña flor,
insignificante a la percepción
de cualquier caminante,
así puedo ser yo.
¡Eso es!
Una florecita silvestre,
de color resplandeciente,
hermosura indiferente,
pequeña,
pero que da color a la naturaleza.
Gracias,
Hijo de Dios,
que me miras
como yo miré aquella flor.
Tú,
me tomaste,
me regaste,
y también
me cuidaste.
Bajo tu sombra estoy.
Allí en el silencio,
Me rindo por completo,
para escuchar y recibir tu paz,
tu sanidad y libertad.
Enséñame en el secreto,
A alabarte por completo.
Tan hermoso eres Señor,
plenitud de todo a mi alrededor.