Mil vaggio

Morador de noches.

Soy un pobre morador de noches, de noches en las que Spinoza escribía sobre filosofía y Alejandro Magno dormía en una casa de campaña para su próximo asalto; noches en las que Copérnico estableció el movimiento rotatorio de la Tierra; noches tristes y a veces efusivas, llenas de nubes o de estrellas. Enciendo un cigarro y poso mi vista en el horizonte oscuro. Cuántos siglos han pasado desde que Jesús caminó estas tierras, cuántas horas desde que Heródoto escribió sobre los escitas, cuántas lunas han rotado mirando la Tierra en su metamorfosis surrealista. Hace miles de años los mexicas danzaban en una noche y sus caracolas sonaban a lo lejos. Ahora estoy aquí y pienso en los que miraron este cielo antes que yo, qué sueños arrulló la oscuridad indómita. Espartanos y griegos, a Caravaggio y Miguel Ángel trabajando a marchas forzadas para terminar la Capilla Sixtina. Millones de historias, millones de sueños. Yo aquí intentando buscarle forma a mi prosa, cabeza a mi poesía, mientras el café se enfría y un poemario de WisÅ‚awa Szymborska me mira de reojo sobre el buró. Quisiera el fuego de Prometeo y la compañía de Virgilio para la vigilia de este lunes 16 de marzo.