Con el trueno se anuncia la lluvia y a su vez el amargor de la noche. Llevo varias noches sin poder dormir, llorando y reprimiendo sentimientos que no puedo aclarar. Quisiera ser libre, dejar de empaparme en lágrimas y ser consciente de lo bello, aunque no puedo anhelar lo inefable cuando desconozco el propio motivo de mi llorar, puede que sea la soledad, puede que sea el aburrimiento, pero queriendo responsabilizar al cualquiera; me harté. No concilio un abrazo con la paciencia desde que sentí que lo mejor era dejarte ir. Sin embargo y aunque te nombre; esto no se trata de ti, busco un yo en los destellos del rayo, como muerte por paz rodeado por heno en un establo. Me carcome ser un parpadeo porque a veces quiero tener dignidad, luego recaigo y otras veces quisiera dejar todo atrás, pero no, no puedo y la verdad no quiero, cuando todo se pone blanco intento ser uno con el ruido, convertirme en el temblor que esquematiza el terror de los muchos y es rutina en la vida de pocos.
Me quejo sabiendo que nadie me escuchará, ya que ni siquiera me interesa la atención. Tal vez algún día y con el suficiente cansancio tendré que dejarme ir, buscar los restos del caballo que cambió seguridad por libertad y que en algún momento se dió cuenta del bochorno clima que no gira en la naturaleza, sino en el incómodo trato social.
Es que, ¿por qué entre tantas posibilidades no soy una gota? Si, una gota, de esas que son efímeras para la lluvía, y eternas para las hojas.
Oh, al saber me encontrarás
Yo podré no tener paz
Pero tendré la experiencia
Del difunto tranquilo
Que representas cada que te vas.