De la harina del trigo triturado,
aplastada y estirada, masa heñida,
en la hoguera de amor recién cocida,
pan hecho cuerpo de Dios humanado.
Espigas y racimos machacados,
en cuerpo y sangre convertidos,
vida eterna para los que han creído
que Jesús es Dios-hombre enamorado.
Ya el rojo zumo de la uva exprimida,
mudado en sangre del Crucificado
fluye en el cuerpo herido y perdonado,
y muestra el camino a la eterna vida.
Seguir a Jesucristo el nazareno
es ser partido, podado, molido,
bienaventurado al ser perseguido,
y abandonado en Él estarse lleno.