LAS RIENDAS DE MI DESTINO
No nací para andar en fila,
ni para seguir huellas cansadas
de quienes temieron al horizonte.
Nací con el pulso inquieto,
con el alma mirando caminos
que no aparecen en los mapas.
Mientras otros buscan refugio
en la costumbre de los días,
yo tomo las riendas de mi destino
con manos temblorosas
pero libres.
Mi vida no es una línea recta;
es un río indócil,
que se curva, se rompe,
se pierde y vuelve a nacer.
Camino solo a veces,
no por orgullo,
sino porque ciertos sueños
solo saben hablar
en el silencio de quien se atreve.
Sé que al final
todos tocamos la misma puerta,
la inevitable,
la que nadie logra esquivar.
Pero entre el primer latido
y ese último suspiro,
hay un universo entero
para ser distinto.
Y si mi senda parece extraña
ante los ojos del mundo,
que así sea.
Porque no vine a repetir la vida,
vine a vivirla
como nadie más
podría hacerlo por mí.
© Corazón Bardo