Enséñame a olvidarte
Fuimos dos luces sin reproches,
dos almas buscando qué era el amor,
dos cuerpos distintos imaginando
lo que realmente era el calor.
Me enamoré de ti desde que te escribí,
desde que te hablé con pena,
desde que rompí el silencio
que existía entre nosotros.
Me diste la oportunidad de conocernos
y de vivir meses y años juntos,
a veces felices, a veces tristes
y hasta enojados,
pero nunca faltó ese “te amo”
entre nuestros labios.
“Te amo”, lo gritaste…
y aún lo recuerdo.
Es que todavía te amo
y no te he podido olvidar.
Te extraño.
Quisiera mirarte y escucharte
aunque sea por última vez:
tu voz, tu cara, tu cuerpo.
Duramos unos añitos,
pero yo sentí que se me destruyó el mundo.
Es que el amor no se explica…
se vive;
no se mira…
se siente.
Pero, ¿qué es lo que estoy escribiendo?
Solo estoy hablando
con mis propias palabras.
Porque no te puedo olvidar.
Ayúdame a olvidarte, por favor.
Ayúdame a olvidar tu piel,
ayúdame a dejar de escuchar tu voz,
ayúdame a borrar tus “te amo”.
Ayúdame…
a olvidarte.
Aunque ya tengas pareja
y yo también,
quiero que me enseñes
por última vez
cómo olvidarte.
Cómo sacarte de mi mente,
cómo olvidar tus labios.
Pero creo que no se puede.
El amor no se olvida;
siempre queda ahí,
sin importar si piensas
que fue bueno o malo.
Y duele…
duele mucho no estar contigo.
Solo quiero decirte:
te amo, te amo,
como en nuestra promesa:
“Jamás te dejaré de amar,
sin importar si estoy casado
o incluso si tengo hijos”.
Solo enséñame a olvidarte,
y yo te olvidaré
como tú me olvidaste
alguna vez.
Poeta: Esequiel