Hace seis años ya
que sentí tu luz desvanecerse
en un rincón del sanatorio
en el que te vi por última vez.
Aún me duele tu ausencia
aún extraño tu esencia,
tu felicidad incalculable
y esas ganas de querer salvarme
sin siquiera poder salvarte.
De ti aprendí el amor bonito,
de los riesgos
y del miedo a quedarse atrapado
en la perversidad del miedo.
Aprendí a amarte en ausencia
a sentirte a pesar de que no estas,
a traerte a diario a mi mente
para abrazarte en espacios que aún no existen
y tener conversaciones
sentados en el vacío que dejaste.
Te extraño,
y eso jamás cambiará;
pero también te amo
y te amaré en la eterna incertidumbre
que deja el no saber
si algún día te volveré a ver.
Hoy tendrías veinticuatro
y aún te espero para los diecinueve
que nunca llegaron.
Hoy te extraño un ciento más
y te espero un año menos,
ya pronto nos volveremos a encontrar.