Uno: De corazón inmenso e inocente,
con una valentía que jamás se esconde;
refulgente guerrero y siempre emergente,
que, ante cualquier llamado, siempre responde.
Dos: Elegante, sincero y de hierro su centro,
con un silencio sabio que sabe escuchar;
leal por fuera y valiente por dentro,
con la mirada en Dios y en el arte de amar.
Tres: Caballero humilde, de andar algo tímido,
con un alma blanda donde el arte florece;
aunque la incertidumbre lo vuelva cohibido,
su lealtad es un brillo que nunca desvanece.
Y tan solo somos tres, unidos por el destino,
un inocente, un guerrero y un caballero audaz;
escribiendo juntos nuestro propio camino,
en una hermandad eterna, noble y perspicaz.