El poeta de la noche,
alcanzó la cumbre del alba,
pereció en algún cielo caído,
no tocó estrellas,
se estrelló en ellas.
La mujer de las notas rojas,
somnolienta halló consuelo en aquel lunático.
Nombrada hoy, la poetisa del olvido.
En asfixia se encontraron,
en asfixia se entregaron,
como tinta y pluma,
como noche y olvido.
La niebla la arrastró lejos de la cima,
muriendo de la punta de una pluma.
Quedó en la locura de Paracelso.
De un amorfino resurgió placentera,
pero partió en cenizas,
sin tocar el alba.