Tengo una tenaz labor que no debo olvidar.
Perdón papá, sé muy bien lo que hago.
Los albores y resplandores del arte y las letras me socorren y fluyen.
Son mis anhelantes arterias.
Las hojas de los árboles también tienen arterias.
Lejos está de mí el aceite y la máquina que me preceden hereditariamente.
Prefiero más bien heredar la valentia y el coraje turgente,
y ser el ébano macizo que preceda a mis porvenires que no llego a ver físicamente.