el bardo

Perdón

Tengo una tenaz labor que no debo olvidar.

Perdón papá, sé muy bien lo que hago.

Los albores y resplandores del arte y las letras me socorren y fluyen.

Son mis anhelantes arterias.

Las hojas de los árboles también tienen arterias.

 

Lejos está de mí el aceite y la máquina que me preceden hereditariamente.

Prefiero más bien heredar la valentia y el coraje turgente,

y ser el ébano macizo que preceda a mis porvenires que no llego a ver físicamente.