Mi amor:
propongo aprovechar la calma
del momento
y brindar a la gloria
de algunos recuerdos.
Alza tu copa
a la altura de hombro;
hasta que termine
no la acerques a tu boca.
Brindo por aquella mañana
primaveral
donde, escondidos entre los
Campos Eliseos,
propuesta de noviazgo tuve a
bien realizarte
y, oportunamente,
tú decidiste aceptarme.
Brindo por aquella tarde veraniega
cuando, al vaivén de las olas
en Capurganá,
tontamente repetíamos
cuánto este amor iba a durar.
Brindo por aquel atardecer de otoño
en que, como las hojas de los
árboles,
los pilares de nuestra relación
al suelo iban a parar.
Brindemos
por esta fría noche de invierno
en que nos hemos citado
en la Plaza Roja
y, con la vista al gris cielo,
nuestra relación hemos convenido
acabar.
¡Salud!