I
En lo alto del verde de la selva
despierta el macaco al nuevo sol,
la mañana se enreda entre las hojas
como un canto antiguo de color.
La brisa juega entre ramas inquietas
y el bosque comienza a respirar,
mientras un salto leve entre lianas
anuncia el día al despertar.
II
Ágil guardián de la espesura viva,
habitante del follaje tropical,
tu mirada curiosa observa el mundo
desde un reino verde y natural.
Cada rama se vuelve tu camino,
cada hoja conoce tu andar;
eres parte del ritmo de la selva
que el tiempo no puede alterar.
III
El sol se filtra entre los árboles
pintando oro sobre tu pelaje,
y la selva entera parece reír
cuando juegas sin ningún equipaje.
Saltas libre sobre la maraña
de raíces, sombras y humedad;
como un pequeño espíritu del bosque
que celebra la vida al saltar.
IV
No conoces fronteras ni murallas,
solo el rumor del río al avanzar;
tu reino es la verde arquitectura
donde el viento aprende a conversar.
Allí el canto de las aves se mezcla
con el eco profundo del lugar,
y cada día se vuelve una fiesta
que la selva vuelve a comenzar.
V
Dicen que en tus ojos curiosos
vive el reflejo del viejo primate,
un recuerdo lejano de la vida
que el tiempo no pudo borrarte.
Entre juego, salto y travesura
guardas una antigua claridad:
la chispa viva de la naturaleza
que enseña al mundo a respirar.
VI
Cuando la tarde baja entre las hojas
y la sombra se vuelve más azul,
tu figura danza entre las ramas
como si siguiera un viejo tambor.
El bosque entero parece escucharte
mientras cruzas el aire tropical,
porque cada salto de tu cuerpo
es una forma de libertad.
VII
Los niños ríen al verte saltar
en historias contadas junto al fogón,
porque en tu figura traviesa
vive el espíritu del juego y del sol.
Eres símbolo alegre del bosque
y guardián de su verde hogar;
una risa que nace entre las hojas
cuando el viento vuelve a pasar.
VIII
Hoy celebramos tu día en la tierra,
16 de marzo al despertar;
no con ruido de ciudades lejanas
sino con respeto natural.
Porque cada criatura del bosque
tiene un lugar que proteger,
y tu presencia recuerda al hombre
lo que aún debe aprender.
IX
Que la selva conserve tus caminos,
que el árbol siga siendo tu hogar;
que el río siga contando historias
a quien se detenga a escuchar.
Porque cuando un macaco se pierde
algo del mundo deja de cantar,
y el silencio pesa sobre la selva
como un recuerdo sin final.
X
Pero mientras saltes entre las lianas
y el bosque respire su libertad,
la vida seguirá escribiendo
su antiguo poema vegetal.
Y el sol, al cruzar la espesura,
volverá a iluminar tu andar;
como un pequeño guardián del verde
que nunca deja de jugar.
XI
Celebremos entonces tu existencia,
criatura de salto y claridad,
que en la danza del bosque recuerdas
la belleza de la naturalidad.
Tu risa es la risa de la selva
cuando despierta al amanecer,
y tu juego es un himno sencillo
que la tierra quiere mantener.
XII
Así en el día del macaco
la selva entona su canción:
un canto de vida y de ramas
que nace en el corazón.
Que siempre viva tu alegría
entre hojas y cielo tropical,
porque mientras el macaco salte
la selva seguirá viva y natural.