IAEM

EL ESCRITOR SUCIO

Abrirte al canal poético, al receptor escéptico, al percutor lunático y al cántico maniático de mi locutor volcánico. Haces que mi trabajo de escritor sucio nunca se vuelva rancio; escribo necio y nunca sacio, siempre armónico, muy conciso, acústico, cómo también caucásico.

Un tanto ojeroso, tenebroso y con pésimos hábitos, y señalado de mafioso porque lo consumido le vendo a esos que no quieren ser detectados, señalados ni acusados de aquellos vicios de seres poco educados. Hay que comprenderlos y de falsas acusaciones ya no tildarlos. Su dudosa capacidad los afecta, tanto que los hace ver analfabetas; respetas mi escopeta de mía testa, qué apesta en narices frambuesas.

Le dieron cien sucres, la sonrisa de quien sufre; dos de azufre y un lustre para el arte rupestre. Vives tu filosofía cual Voltaire, como si fuese viernes. Observas la realidad en septiembre repetida en octubre; realidad o costumbre, quizás por lluvia de veracidad o más.

Tengo en mira su capataz, sisas; por rápida y fugaz, sos \"az\" o jazz con marimbas.