Definitivamente nací para amar,
donde el mínimo
es el fondo de mi corazón.
Un lugar oculto del mundo,
amplio, adornado y calefaccionado,
donde yace un manto etéreo
esperando, pacientemente,
a su dueño.
Estoy hecho, en esencia, para amar,
revestir mi corazón
con cuadros del tiempo juntos,
encontrarte en la habitación apagada
y capturar tu fragancia, como un escudo
frente a la adversidad.
No sirvo para medias tintas
ni relaciones ligeras y pasajeras,
donde la memoria es selectiva
y los corazones se mienten,
por miedo.
Por miedo a vivir el amor de antes,
cuando el enamoramiento venía siempre
acompañado de intención,
y el amor desfilaba,
explícitamente.