• Poemas del ㄥobo •

Yo, soy...


Soy de unos pocos, que perciben el mundo de una forma distinta. No voy por la vida tratando de saciar deseos superficiales que, tarde o temprano, terminan volviéndose simples y monótonos. Busco algo de mayor calidad.Sentir el viento en mi rostro y el baño del sol poniente. Vivir el presente. No pensar demasiado en el futuro, que es ansiedad; y al pasado volver solo cuando es necesario, porque allí hay fragmentos de gran valor que rescatar para crecer.

Yo no me hago el café así nada más. Eso es algo importante, algo especial. Es como preparar una pócima que acompañará mis lecturas o mi composición literaria. Agua caliente en la taza, azúcar, y luego el café. Aspiro su aroma y, por el olor, sé cuánto más debo añadir. Es un ritual importante, porque el café y las letras se llevan muy bien. Viajarán por un mundo asombroso junto conmigo, dentro de mi mente: ya sea para descubrir, con la lectura, otras mentes —contemporáneas o muy antiguas—, o para construir y conocerme más a través de mi escritura.
Sea prosa o verso. Sean sonetos o alejandrinos. O quizá con un poco de ese barroco que tanto me gusta.

Si escribo a mano, prefiero hacerlo lento. Así las letras se trazan más originales. Así las letras no son solo letras: son arte. Mi arte. Único, irrepetible. Y quien las lea pueda sentirse abrigado, tanto por el mensaje como por la elegancia de la escritura.

Casi no me permito desbloquear la nostalgia, porque mi mente tiende a amplificar ese sentir. Solo cuando quiero escribir lo permito: entonces puede aparecer, acompañada de una canción especial, del sonido sereno de un saxofón, del murmullo de un río que fluye o de las aves que guían la penumbra hacia el horizonte.