Cuando el Favonio funde en luz cristales
del crudo invierno que encadena y dura,
y Venus, reina, rige la hermosura
de Gracia y Ninfas, celestes raudales;
contemplo que la muerte, en sus umbrales,
iguala choza y regia arquitectura,
ni mi esperanza vana se asegura,
ni esquivan mis desvelos sus puñales.
¡Ay!, que en vano procuro detener
el curso inexorable de mis días,
pues Plutón ya prepara sus dominios;
mas mientras pueda el arrayán tejer
en mis sienes, y ardientes elegías
cantar, burlaré el tiempo y sus designios.