Juan Iscar
Voy y vuelvo
Voy y vuelvo.
Y vuelvo a los confines del sueño
al que me retiro azuzado por los ritmos circadianos
que gobiernan la naturaleza programada en eones
de luz y sombra, mareas y recuerdos.
Soy la naturaleza. Soy el aire y el tiempo, vida y muerte.
Soy ciclos y abismos oscuros de generaciones olvidadas
excepto por la enciclopedia genética de ácidos nucleicos
escrita en los miles de millones de células eucariotas.
Soy frágil jarro de loza capaz
de contener, quebrarse y vaciarse.
Pensar y sentir, ver y soñar, amar y recordar.
Como el Sol cruza el horizonte y llega la noche,
y, pasada la ceguera del color, se despereza el día;
como el anfibio sale del agua y a ella vuelve
y gusta de la vida en ambos medios indispensables;
como el hombre se limpia de sus faltas,
por la misericordia de Dios, y de nuevo
repite sus costumbres y sus defectos
hasta conocerse en comparación con la Bondad;
como la oruga que come incansablemente,
se arrastra en el cumplimiento de su genética,
almacena energía para su increíble transformación,
acaba volando con temerosa inquietud
y pone huevos de los que saldrán orugas insaciables;
entro en el tiempo circular, en los ciclos inasibles
y silenciosos de los planetas septenarios
por los que navego en ineludible carrusel.
Batallas de vida en los flujos del conocimiento y del ser,
donde la ira, da paso a depresión e inquietud;
donde el deseo intranquiliza el espíritu y lo debilita;
donde el sueño imprescindible se pierde en la luz del día,
y los sueños de la vida crecen por fe intangible;
un aleteo del viento que lleva la paz misteriosamente,
incluso en momentos donde dolor y enfermedad deberían
cubrir el alma de angustia e ingratitud;
soy perímetro que encierra vida y acaricia la destrucción;
nube mudable que pasa difuminándose en la mirada;
torrente de lágrimas en rostro inexpresivo;
emoción y sentimiento apenas programado.
Soy un pensamiento del Padre y, por ello, presente y eterno.
No acepto consideraciones exclusivamente materialistas.
Me niego a limitar la inmensidad de la existencia.
Sólo sé que me fío de Aquel que se dijo camino, verdad y vida.
Moisés no entró en Tierra Prometida
pero estuvo con Jesús en el Tabor.