Hoy me ronda la pena y me acosa la rabia.
Nada tan abrazante había sentido jamás.
Temo, por el instinto de mi madre sabia.
En verdad, no es tan solo por eso, nomás.
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Oro al Señor del cielo y a la Virgen María.
Nada real aún, Ellos, me han respondido.
Segura estaba que, la Santa, respondería.
Ya de ahí salí con un Credo comprometido.
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La fe mueve montañas, así, lo proclaman.
Nada tan casual y móvil me había topado.
Hoy, veo a esos que su milagro reclaman.
Otros señalan que, renegar es un Pecado.
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¡Hoy solo diré qué, a la Fe, la tornan maraña.
Y al vivir en utopía, la mudan a la montaña!