ROMPECABEZAS CELESTE
La excursión hasta el paraje
El Chorrillo a pie o en bicicleta
nos ocupaba toda la tarde, con un desarrollo temporal
que se repartía en muy concretas actividades,
con ratos luminosos y con citas a la sombra,
al tiempo que las nubes se desplazaban de prisa,
como inquieto rompecabezas,
ingenuo, primitivo, pero también frenético,
por culpa del juego de claros y nubes
que estallaba por encima de nuestros cuerpos
y que repercutía sobre las superficies rurales,
sobre las hondonadas vacilantes entre lo claro y lo oscuro.
En un momento, la luz ocupaba violenta un vasto trozo
de campo, pero, luego, era la sombra
la que ganaba el espacio para su causa,
y era como un continuo vaivén entre la luz
incandescente y, al lado mismo,
empujándose, la tenebrosa, la oscura
hasta llegar a El Chorrillo,
hasta cruzar esa meta.
Gaspar Jover Polo