Como el canto del grillo,
sus pensamientos germinan
sin saberlo en un bucle repetitivo:
gri, gri, gri.
O como cuando sale del agujero
y deja su sombra,
la luz brota en cada neurona,
clarificando el aletear de sus alas.
Gri, gri, gri…
Gra.
Así, hay quienes creen saber
sin saber por qué,
y en ese creer
se pierden en sí mismos.
Otros, en cambio,
viven intentando comprender,
sabiendo para qué...
y en ese querer
encuentran la luz.