Adrian Alfaro

A pesar de todo

La desilusión no llega con ruido.
Llega como una sombra lenta
que se instala en lo que alguna vez fue esperanza.

Hay algo profundamente cruel
en descubrir que aquello que creías eterno
solo estaba sostenido por tu fe.

Porque no siempre te rompen con palabras.
A veces basta el vacío.
Basta la indiferencia.
Basta ese frío invisible
que empieza a crecer donde antes había calor.

Y entonces entiendes algo terrible:
que amar a alguien no impide
que esa misma persona
sea quien termine apagando la luz.

No hay gritos en ese momento.
No hay despedidas grandiosas.

Solo un silencio largo,
pesado,
irreparable.

Y dentro de ese silencio
algo en ti se apaga también.

No el amor.
No del todo.

Lo que muere es la esperanza
de que esa persona
alguna vez
hubiera sido capaz
de cuidarlo.