La orden fue clara:
Prohibido comer canastitas de pollo
Pero para esos días yo ya me hallaba perdido,
y fue hasta que los conjuros que aún me seguían
acercaron una sopa entre ladridos del alba...
Oí cantar así a las raíces,
llamar al agua, hacer confidente
al sol: conejo responde
con los hilos de la lluvia, colibrí
duerme entre las alucinaciones de tus secretos.
Se trata de disolverse en esta orbe
donde los
ecos copulan
las noches sin estrellas: enamórate
de mí en ese espectro: con
tus enormes ojos y tus piernas largas,
que mis incertidumbres den con
tu contorno: habita en mi cuerpo
como este líquido que me conforma
entre un sesenta y un setenta y cinco por ciento.
Babosa escapa de su letargo
traza sus esperanzas con baba: toda
una vida reptando, durmiendo
el sopor de las acumulaciones líquidas,
que sea lumbre
esa parte húmeda que la adhiere
al mundo.
He soñado
serpiente: me dice que no
existe lo profano y bosque entero ríe con
ese aroma a suavizante de tela. Los órganos
sexuales se exponen para que
miriápodo atestigüe, que fue
tortuga quien estuvo presente
aquella ocasión de otros mundos,
con esa costumbre rara de
respirar el dulce que se les
pone a los ajolotes.
Fue el tiempo en que cacomixtle y
caballito del diablo hicieron lo que nadie
habría esperado: tomaron una palita y recogieron el
excremento a mitad de la calle: lo
depositaron diligentemente en el contenedor
para residuos orgánicos: hicieron
lo correcto.