No supe
cómo
matarla
en ese
momento.
No supe cómo
sacarla
de mi pecho,
ni de
mi mente...
Pero
me besó
tan dulcemente,
tan lentamente,
que en
ese momento
en mi
pecho
solo hubo
silencio.
Después
de un rato
de verla
cómo
se esfumaba
entre
el gentío,
caí en cuenta
que ella
sí supo
cómo
aprovechar
su ventaja;
ella sí supo
cómo
matarme.