Luis Erick de Jesús Ávila

Solo fuiste un deseo.

Al mirar el cielo difuminado:

con el negro y azul...

salpicaduras de estrellas

regadas por el entorno.

Deleitando su contorno

a los que observan.

 

Una estrella fugaz

pasa muy deprisa,

tan rápido como el parpadeo.

Y, antes que se aleje más,

pido un deseo.

 

Hice tal petición, que la vida,

me concedió el honor

de poder conocerte.

No había mirado

lo hermosa que es la vida.

Pero todo fue en vano:

me diste alas

y luego me las cortaste.

Solo fuiste un deseo.

 

En una ocasión:

tuve la ambición

de besarte tiernamente.

Abrazarte de frente.

Solo fuiste un deseo.

 

Te compuse versos:

ni yo mismo sabía

de dónde provenía 

esa lluvia de poesía.

Escribí cartas de flores

con líneas de colores,

principalmente de azul.

Porque del cielo llegó

dicha inspiración de ilusión.

Solo fuiste un deseo.

 

Deseé acariciar tu pelo.

Pero me duele que seas ajena

y no te pueda hablar:

no te pueda amar.

Más de una vez; te soñaba,

y tuve el deseo bestial

de despertarme cada mañana,

y lo primero que viera:

fuera tu rostro angelical

y tu sonrisa celestial.

Solo fuiste un deseo.

 

Le pedí, a aquella luz

que me cruzara contigo.

Pero tan solo fue un deseo

que no floreció,

que nunca progresó.

Que jamás existió.

 

Fuiste mis ganas de serlo todo,

y al final... nunca fuiste nada.

 

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Marco Díaz.

Villahermosa, Tabasco; México.

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