La noche cae lenta sobre los tejados del mundo,
como un manto oscuro bordado de estrellas.
El aire se vuelve más suave,
y las calles vacías parecen recordar pasos antiguos.
Hay un murmullo escondido entre los árboles,
un susurro leve que viaja con el viento.
No grita, no reclama,
simplemente existe como un secreto del universo.
Las ventanas dormidas guardan historias,
palabras que nadie dijo durante el día,
sueños que quedaron suspendidos
entre el cansancio y la esperanza.
La luna, silenciosa testigo,
camina sobre el cielo despacio,
mirando los pensamientos
que vagan solitarios en la madrugada.
Los relojes avanzan sin prisa,
como si respetaran la calma de la noche,
y cada segundo cae
como una gota de tiempo en el silencio.
En algún lugar, un corazón recuerda,
otro aprende a olvidar,
y otro simplemente escucha
ese murmullo invisible de la oscuridad.
Porque la noche no es solo ausencia de luz,
es un libro abierto de pensamientos,
un refugio para las almas inquietas
que buscan respuestas en la calma.
Y cuando el mundo parece callado,
cuando todo parece dormido,
la noche habla bajito al espíritu
y le dice que no está solo.
Así, entre sombras y estrellas,
el murmullo nocturno continúa,
como una poesía eterna
que el universo recita en voz baja.
Dani
14/03/2026