Un día peregrino,
los bandos extremistas,
dogmáticos antípodas
—ateos y creyentes—,
tuvieron un simposio;
sentáronse a la mesa,
cruzaron argumentos
en diálogo fructífero
(aquello fue un debate
en tono diplomático,
de ímpetus carente
y pleno de razones).
El buen entendimiento
provino de ambas partes:
no hubo discrepancias,
fue unánime el consenso,
y, como consecuencia,
se tuvo por epílogo,
remate y colofón,
cabal convencimiento,
¡la conversión recíproca!
mayo de 2014