Alma En Letras

Lo Que El Corazón No Quería Entender

Duele el alma y duele el corazón
ver cómo hoy me hablas con tanta dureza,
como si entre nosotros nunca hubiera existido nada,
como si no hubiéramos compartido una sonrisa,
un abrazo, un beso…
una de esas miradas profundas
donde el silencio decía más que las palabras.

Como si nunca hubiéramos sabido
que nos amabamos.

El tiempo no vuelve atrás.
Las palabras dichas no se pueden recoger
y los errores, cuando ocurren,
dejan marcas que a veces parecen imposibles de borrar.

Las heridas duelen más
cuando vienen de quien uno ama,
porque es ahí donde uno baja las defensas
y deja el corazón abierto.

Pero también pasa
que cuando el dolor llega
los prejuicios crecen como sombras en la mente.

A veces ocupan tanto espacio
que ya no queda lugar para escuchar,
para entender el contexto de lo que realmente ocurrió,
para mirar más allá
de lo que parece.

Y entonces uno comprende
esa frase tan dura
que tantas veces escuchamos sin pensar:

del amor al odio
hay un solo paso.

Un paso pequeño,
pero capaz de cambiarlo todo.

Y aparece la pregunta
que nadie quiere hacerse:

¿qué viene después?

Porque incluso cuando existe el perdón
no siempre llega el olvido.

Y cuando el recuerdo de la herida permanece,
el corazón empieza a vivir con la duda,
imaginando que mañana
todo podría volver a romperse.

Tal vez por eso algunas historias,
aunque intenten darse otra oportunidad,
ya no encuentran el mismo camino.

Y uno empieza a entender
algo que duele aceptar:

que a veces amar
también significa soltar.

No porque el amor haya sido mentira,
ni porque lo vivido pierda su valor,
sino porque hay momentos
en los que el corazón del otro
ya no encuentra el mismo lugar
donde antes habitaba.

Hay amores que llegan,
cambian la vida
y dejan huellas profundas…

y aun así,
poco a poco,
empiezan a despedirse en silencio.

Y cuando eso pasa,
lo único que queda
es agradecer lo que fue real,

aunque el corazón
todavía duela
al dejarlo ir.