el bardo

Una madre

Sshhhh, silencio,

Mi bebé está durmiendo,

Y si lo despiertan, se molesta mucho.

Quieren ver a mi bebé molesto? Ya creo que no.

 

En lo alto del edificio, soy codiciada, anhelada y ultrajada por manos y ojos que veo y olvido.

Acaso habrá una flor que me redima?

 

Un esperma y mi óvulo engendraron a este infante que solo sabe dormir, llorar y gritar.

A veces yo también duermo, lloro y grito.

 

Desde mi ventana veo a la gente como bacterias sumergidas en la lupa, parece que se envalentonan en las aras de mi edificio para tenerme.

 

No tengo vértigo, por eso estoy en el piso final. De acá veo todo y me siento poderosa, como madre de toda la ciudad.

 

Sé bien que no me honra ese epíteto, pero ser la madre de este infante si que no me es deshonroso.

 

Colectivos y aviones, transeúntes y autos,

Asfalto y vereda.

Todo se cierne sobre mí como el inesperado tornado de un hombre que desfiguró mí pureza e inocencia. 

 

Vaya, ya se despertó mí bebé! Otra vez, llora que quiere la leche materna.

Otra vez, lo debo calmar.

Otra vez, me debo calmar.

Otra vez, debo ser madre, como cada día a partir de aquel.

Otra vez, doy todo lo que puedo dar.