Te di hasta el alma,
pensando que darte todo
sería garantía
de que te quedarías.
Pero quedaron en mis manos
los fragmentos de un adiós
que todavía
mi corazón no logra entender.
Pensé que la distancia
te haría cambiar,
que el tiempo lejos
haría las cosas diferentes.
Pero hay esencias
que no cambian;
solo perfeccionan
sus estrategias.
Me vendiste el sueño
de una historia verdadera.
Prometiste que todo sería distinto,
que el pasado te había enseñado
el valor que, según tú,
yo tenía.
Pero la verdad
siempre termina mostrando su rostro.
Y cuando cayó el telón
apareció tu verdadera naturaleza.
Tu obra quedó expuesta
como la actuación mediocre
de un novato
que aspira a la grandeza
siendo apenas un mendigo de afecto.
Tal vez tu aparente amor
logró engañarme por un momento
y creí en ti otra vez.
Pero la lección aprendida
ahora vive en mi memoria,
un lugar
al que jamás pienso regresar.
Mi corazón no está hecho
para historias a medias,
ni para la incertidumbre
de niños insensatos
que juegan a ser hombres.
Mi dignidad no está en venta.
Soy la mujer
que recordarás siempre,
como aquella
que no volvió jamás
al lugar
donde quisieron rebajar su valor.
No te guardo rencor;
eso sería darte demasiada importancia.
Solo quedas marcado
en mi memoria
como el recordatorio eterno
de aquello
que nunca volveré a tolerar,
aunque regresaras
convertido en un Dios del olimpo.