Me encuentro de pie frente a la barrera del tiempo,
el reloj gira, sus manecillas como cuchillas,
marcando cada latido, cada suspiro,
sin piedad, sin pausa,
el eco de mis sueños resuena,
más allá de la neblina del recuerdo.
Quisiera retroceder,
ser niña otra vez,
cuando el amor era un lujo,
un lazo de papel en un día de sol,
pero la vida es un laberinto,
y yo, atrapada entre sus muros,
buscando el hilo dorado de mis anhelos.
Estoy perdida, en medio de la vorágine,
cada “te espero” se escurre entre mis dedos,
cada abrazo, un espejismo,
una promesa que el tiempo se lleva,
como hojas secas en el viento.
Llego tarde a lo que más anhelo;
las oportunidades son espejos en la niebla,
reflejos que se desvanecen,
y yo persiguiéndolos
como un niño detrás de un cometa,
mientras el crepúsculo pinta su despedida.
Dime, tiempo,
puedes ayudarme a encontrar mi camino,
a desenredar esta maraña de ausencias,
a reescribir lo que se ha roto,
pues el amor,
con sus brazos abiertos,
puede vencer esta batalla,
dejar huellas en mi piel
y volver a encender la llama
que creía apagada.
Así, en un instante suspendido,
te imploro, que el amor sea una brújula,
que me enseñe a avanzar sin miedo,
pues a veces, en la guerra del tiempo,
simplemente se trata de amar,
de volver a encontrar la luz.
SienaR ©