Mundo metamórfico cuyo número es al antojo
del gran ojo que proyecta su cara en sombras.
Me hundo tanto absorto en todo absurdo
cuanto encuentro por este cuerpo que me es propio
sin más pronóstico que el ya supuesto.
No tengo miedo ya ni escrúpulos con ninguno de mis verdugos.
En el silencio me descubro un sentimiento eterno estúpido.
Miro el vacío entre tú y yo como un viejo conocido
del que ninguno aún ha dado suficiente testimonio,
y fingirme otro si es mi rol que pase todo pronto,
la tremenda indecisión, el agobio, fuera ahora
que no queda nada propio hoy si escojo este rincón.
Cero positivo, qué me impide hacerlo cada noche y día
cuando sé que siempre puedo. No me dramatices
el que siga con mi vida por estas calles grises.
Los vecinos me vigilan porque bien no me conocen
si todavía desconfían... Me parece ya bastante
a soportar la hipocresía en mis narices, a la vez
que todos dicen muchas cosas frías. ¿Así feliz serías?