No es que dude de ti,
es que cuando te miro
siento que el mundo podría enamorarse de la misma luz que yo veo.
Y entonces aparece ese pensamiento egoísta,
ese deseo silencioso:
quisiera guardarte en mis brazos
como quien protege un fuego en medio del viento.
No porque seas mía,
sino porque lo que siento por ti
es tan grande
que me cuesta imaginar que alguien más
pueda mirarte como yo te miro.
Mis celos no son cadenas,
son el reflejo de mis ganas,
de mis deseos de elegirte
y que tú me elijas
entre todos los mundos posibles.
Porque cuando estás conmigo
todo parece tener sentido,
y en el fondo de mi pecho
vive esa verdad simple:
no quiero poseerte…
solo quiero que tu corazón
decida quedarse conmigo.