Regálame, por favor, kilómetros de cielo,
regálame tu aire fino,
tan azul de amor y de perfume bendito...
Lánzame tu hilo de oro,
fundido en el crisol sacrosanto del paraíso,
y luego, elévame contigo...
A la orla de tu manto,
para unir mi alma con la gloria de tu universo,
y así librarme del maligno...
¡Ay, corazón único!
que incluso pronuncio tu nombre cuando sueño,
mi linda reina del cielo...