Que la tinta sea mi sangre
Marcharme solitario
sin horas
ni fronteras
sin rumbos
ni equipaje
se vuelva mi destino,
andando
con lejura sin voces lisonjeras
sin nunca
devolverme
de los largos caminos.
El tiempo
no mide horas
mensura los ayeres,
las indiferencias
y los cálidos quereres
las bronzinas hojas
en atardeceres,
la hoguera de tus ojos
en albos clareceres.
El tiempo
pasa largo
es tren
no se detiene,
dejando va su huella
que nunca
se disuelve,
tan largo
es su camino
que tampoco
se devuelve,
y con la larga espera
muy tarde lo resuelve.
Cansino de vagar
perdido en tu rechazo,
hilachas del ayer
se hicieron tus maltratos,
hundido un tiempo fui
en un antes de infortunio
tornado en plenilunio
el ahora no es ingrato.
Es mal
insoportable
aferrarse al imposible
tan solo
desengaños
y es tanto lo sufrible,
son hórridos
tormentos,
tan solo
soledades
oscuras sombriedades
con ecos de lamentos.
Escribiré
con llanto
mi adios,
mi despedida,
con letras
derrumbadas
en tinta desleída
son sombras
que nos dejan,
estando tan cercanas
creemos
que se alejan,
son espejismos
vanos.
Que malo
es el desprecio
vacíos
sin aprecio,
son noches
que perduran
con rostros
de lamentos.
Escribiré
calmado
y
libre de rencores,
total
ya da lo mismo,
estando
en los fragores
y fuera del abismo
me siento tan ufano
que voy guardando lluvias
en el cuenco de la mano
y lleno de fervores
con un andar
temprano
pr siempre he dejado
horribles tempestades.
Con versos y cantares
ahora soplan vientos
y diafanos trinares
son todo mi sustento.
Escribiré
ansioso
aquietado
y sin fatiga
escribiré
con fuerzas
y sin reponerme.
Escribiré,
rendido
hasta caer exangüe
sin aliento
sin olvido
hasta el mismo desangre
pero
tan solo pido
que la tinta sea mi sangre.