A veces espero
que al abrir mi puerta
pueda encontrarte en una carta
que nunca envías,
o tal vez que al despertar
haya huellas de tu aroma,
o gotas de lluvia,
o tu ropa en el piso.
A veces mi ansiedad
juega conmigo
cuando escucho tu voz
en una llamada que no haces,
o parece que estás en todas partes:
en los conciertos, los restaurantes,
o en los autos color champaña,
con tu mirada triste
e invisible tras la ventana.
A veces llegan noticias tuyas
en el cine o la radio,
que me traen la forma
en que mueves tus manos cuando hablas,
la manera en que inclinas tu espalda,
o tu voz en fracciones de tiempo.
Otras veces tengo tu cuerpo
tallado en tu cintura,
profundamente húmedo en mi memoria.
Pero a veces llegas inoportuna
en mis momentos de olvido,
cuando intento descubrir que no existes
o inventar que fuiste un sueño.