Luis Erick de Jesús Ávila

La carta a un amor.

Tengo ganas de escribirte.

Quiero hacerlo y a la vez no,

pero, si no te perdí

cuando pasó aquel suceso...

ahora, lo daría por hecho.

 

Busqué en un tiempo

culpables de la situación,

pero sin darme cuenta;

era yo, el prisionero

de la consecuencia.

 

Fui libre con la voluntad

de ejecutar, lo que quisiera.

Vivo en el ayer.

Vivo en el hubiera.

Y hasta el sol de hoy:

vivo, con remota esperanza

de que estés junto a mí.

 

Tal vez...

buscaría una dimensión opuesta,

en donde solo seamos dos:

solos tú y yo.

En donde reine el amor:

yo seré tu príncipe azul 

y tú, mi princesa primaveral.

 

Quisiera que leas mis versos...

que por la noche, te llaman,

piden a gritos, auxilio,

por un corazón que se desangra.

 

La arrogancia de ciertas cosas,

me impide hablarte mi rosa.

Pasé los últimos días

pensando en tu nombre.

Tal vez y más adelante:

pueda ser el hombre

con el que te cases.

 

En la actualidad...

he conocido a mujeres,

pero ninguna tiene tu perfil.

Ni siquiera un parecido a mí.

La vez en que cité:

\"Esta podría ser la última vez

que me escuche tu oído,

y estos pueden ser,

los últimos versos que te escribo\".

Rotundamente, mentí.

 

Mi mente me dice:

\"Olvídala, bórrala\",

pero mi corazón aún te extraña,

y siente que te engaña,

cuando hablo con otra.

 

En el día, no te pienso.

Pero al caer la noche...

mi ser te añora,

y lo hace hora tras hora.

Sueña con un mimo

de tus labios de cereza.

Acariciar tus cabellos de seda,

tocar tu piel de primavera,

y de cierta manera

decirte al oído:

\"Te amo, sirena\".

 

Tengo razones sobrantes

para poder olvídarte...

pero el corazón, no quiere ceder

a este dolor profundo:

que es del tamaño del mundo.

 

Solo quiero descargar

mi pensamiento lírico.

Suena un poco épico,

pero no lo es.

Ya que estaba escrito,

en una vieja profecía

que yo te escribiría,

una carta de poesía.

 

No te hablo de frente.

No es por la cobardía.

Es por miedo a perderte:

jamás volver a verte.

Aunque te veo a lo lejos,

me siento como los paralelos:

se pueden ver, pero no tocar.

 

De la misma forma

así es el puro sentimiento:

se puede notar pero no palpar.

 

Se me terminan las ideas

para seguirte escribiendo, 

seguir describiendo 

todo lo que siento,

y lo que aun, sigo sintiendo.

 

Todavía conservo...

una pequeña posibilidad

que, en tu vida pueda estar.

Pero... si tu espacio

ya se encuentra ocupado,

me haré a un lado.

 

Si no tienes a dónde ir,

mi hombro y mi pecho:

estarán libres.

Para cuando quieras llorar,

mis brazos, te consolarán

cuando no puedas más.

 

Si en una ocasión lees

los versos que te escribí,

recuérdame con cariño, ¿sí?

 

Quiero que sepas

que, aun guardo un afecto a ti,

y un último abrazo,

acompañado de un beso,

junto con unos versos

para cantar a tu oído.

 

Quisiera que cambies tu parecer,

que pienses y reflexiones,

que analices sobre el presente.

Sé que no puedo cambiar

los errores que cometí.

 

No debería vivir en el ayer,

no vivir... en el hubiera.

El hubiera nunca ha existido:

como lo fue, mi amor contigo.

 

A veces, las cosas

no salen como uno lo desea:

como uno lo planea.

Y eso... hace que cambies

totalmente la perspectiva.

Pero ni modo, así es la vida...

 

✒️♥️🇲🇽🇲🇽♥️✒️

Marco Díaz.

Villahermosa, Tabasco; México.

✒️♥️🇲🇽🇲🇽♥️✒️