La vi risueña recogiendo flores.
El sol brillaba sobre sus hombros
que caía rendido con asombro
ante el canto de pájaros mirones.
Los cipreses, cual altos centinelas
contemplaban la escena a lo lejos
más allá de la cumbre del Carmelo
y el resbalar sereno en la ribera.
Me llenaba de un puro sentimiento
verla bailar alegre y sin reparos...
¡Ah, tenía ya mi alma entre sus manos!
Y yo apuntaba versos... Los más tiernos...
Los que del corazón me brotaban.
¡Oh, rocío de lluvia refrescante!
¿Cómo es que sin tenerte pude amarte
y ver en tu alma, el rostro de mi alma?
W.M®