A un cenzontle
Cuando siento frío, sueño,
pues el invierno es mortaja
para creernos morir,
hacernos bien descansar.
Como en canal de toxinas,
como el agua malograda.
Me gusta —solamente esto:
espacio propio sin mal.
Pues antes de proseguir,
gozo escuchar como canta
cierto cenzontle de voces
abstrayéndome del alma.
Ave de sueño y suspiro,
fuerza de la madrugada,
príncipe de lo invisible,
y hacedor de las mañanas;
Eterna savia de voces
dejadas eras atrás.
Nocturno canto febril
donde quisiera saltar,
Sentir qué transformación
da hacia animales y plantas.
¿Puedo tentar esas voces?
¿Escribir cómo cantaban?
Serás hermosa leyenda
dentro de un mundo mortal.
El finito: que me es todo,
se llena de eterno afán
Por llegar a primavera
tras reflexión invernal.
Mi corazón en la fiebre...
Da tejido a tu cantar.