La linda mujer que el sol refleja,
brillante como un cristal pulido.
Te he llamado.
No te vayas,
hermosa y gloriosa.
Ven con tu calor
y dale brillo a mi ciudad.
No te calles.
No silencies el eco
de tu canto triste.
Oye, hermosa luz,
tú que siempre reverberas
en un hilo de recuerdos nítidos,
te quiero siempre
reposando en esta nube de algodón.
Por un minuto más,
deja que el frío te toque
y, por favor,
incéndiame los huesos.