Antonio Portillo

Las musas dormidas


Ni siquiera el viento se atreve a despertarlas,
y la tinta se ha vuelto polvo en el fondo del tintero.
Las palabras caminan descalzas por mi mesa,
sin saber dónde apoyar su latido.
He golpeado la puerta del verso
como quien llama a una casa abandonada,
y sólo el eco —viejo guardián del silencio—
me ha devuelto la mirada.
Pero sé que no han muerto.
Las musas no mueren:
se esconden en la grieta del cansancio,
se recuestan en la sombra de los días repetidos.
Duermen.
Y mientras duermen,
el corazón afila en secreto
la próxima llamarada.
Porque cuando despierten
—lo sé—
vendrán con los bolsillos llenos de relámpagos
y me obligarán otra vez
a arder en palabras.
Y si no despiertan,
no importa:
cavaré en mi pecho
hasta encontrar la chispa
que las invente.

 

Antonio Portillo Spinola