Mi amor bonito…
hoy vuelvo a escribirte desde el dolor,
desde este vacío que me mastica el alma
cada vez que recuerdo que te fuiste.
Te extraño tanto que duele respirar,
tanto que mi pecho tiembla
cada vez que tu nombre cruza mi mente
como un susurro que se niega a morir.
Y yo sigo aquí, roto,
recordando el último video que me enviaste,
ese pedazo de cielo que guardo como reliquia,
como si en él viviera todavía
lo bonito que fuimos,
lo bonito que me dabas,
lo bonito que ya no volverá.
A veces me despierto a las 3 de la mañana,
sin fuerzas, sin paz,
y pongo ese video solo para sentirte un poco,
para ver tus ojos, tu sonrisa, tu forma de mirarme…
y mientras lo veo
mis lágrimas caen solas,
porque tú sí estás viva,
pero ya no estás conmigo.
Me haces falta.
Me haces falta como nunca pensé
que alguien pudiera faltarme.
Y tengo miedo,
un miedo enorme de escribirte,
porque sé que ya no quieres saber de mí,
porque tu silencio es más frío
que cualquier noche sin luna.
Te sueño…
Te sueño feliz, hermosa, iluminada,
pero no conmigo,
y en esos sueños
se me quiebra el alma
porque entiendo que ya no soy tu lugar,
que ya no soy tu abrazo,
que ya no soy tu pensamiento.
Te prometí no estar con nadie,
y voy a cumplirlo.
Porque esa promesa te la hice desde el corazón,
desde un amor que nadie puede reemplazar.
No hay quien tome tu lugar,
porque tú eres única,
mi amor bonito,
mi luz perdida,
mi memoria que aún respira dentro de mí.
Solo me quedan tu video,
y esas fotos que guardo como un enfermo
que no quiere curarse,
que prefiere doler antes que olvidarte.
Perdóname por soñarte,
por recordarte,
por no dejarte ir del todo…
es que es lo único que me queda de ti.
Y cada día se me hace más difícil aceptar
que ya no estás,
que ya no es igual,
que ya no me despierto feliz
sino con un nudo en la garganta,
con la certeza de que mi amor bonito,
mi corazón,
mi belleza,
mi mujercita hermosa…
ya no está.