De regreso al Sol,
a mitad del camino
descubriste que le habías olvidado…
Hay mejores cosas que perderse en tu cuerpo
dijiste después de asegurar
que el verde de tus caricias
es demasiada melancolía.
Allí aguarda desde el despegue de tu mirada
donde caen las hojas del árbol,
el árbol que llora lluvia de estrellas,
las estrellas que son tus ojos de agua
y así se deshojan las ramas.
Es en barco como se llega al Sol , insististe
pero no podía creerlo desde este lugar
donde deambulan estómagos pulsantes:
nunca antes habías brillado,
nunca más volverás a hacerlo.
Y balbuceaste
que toda noche es un mar pequeño
Y te culpé por ser el cielo azul,
tranquila hoja de árbol:
esperar ha sido tu virtud.
Llega entonces tu añoranza
con el rezo que convierte en polvo el tiempo
logras luego que quinientos, cien,
o un par de años sean lo mismo.
Hasta el día en que nos veamos
asqueroso político bandido
y ni las medallas
ni las condecoraciones bastardas
evitarán que te tomemos en nuestras manos
Será lo último
Así decía la mosca
articulando su diminuta mandíbula
que provoca risa,
habla con solemnidad:
al alma nacer me hice tarde
me hice brisas
me hice grano de Luna
que en un delirio de roedor fue devorado
Desde ese momento espero aquí
a que el agua vuelva a ser
mi único sueño:
bañada por el marasmo sideral tu destello
siempre engulle tarde por las mañanas
Entonces tu voz se fuga por los poros de mi piel,
inmensidad que me agobia:
¡moldea una forma en la que pueda reconocerme!
pero esta vez, olvida la carne…
Después, cuando tu marea
se haya coloreado por completo
volveré a decirlo: siempre es mejor
lanzar semillas desde la lengua de un lago...
para que el reflejo se quiebre
para que puedas mirarte
descúbrete en medio del campo de los ecos
donde nacen las lluvias ombligo de maguey
donde los cerros juntan sus labios
para engendrar cada nombre de cada animal
Buscamos los nuestros.
Volvemos riendo.