¿En qué estaré pensando?
¿Volver a intentar o en paz dejar,
todo lo que ha pasado?
Conocí a una mujer
que tenía buen semblante.
Me deslumbró su imagen:
un deseo, un querer.
Pero con el tiempo...
la venda se cayó,
ya es un tema viejo:
ya se escribió.
Ando muy confuso,
me traiciona la mente,
su recuerdo intruso:
cariño, todavía siente.
He conocido a otra:
divertida, cómica;
dejo de lado la copa
para estar con ella, loca.
Apenas y la conozco,
pero no es de pensar,
es de sentir: díganme loco.
Ya no me quiero enamorar.
Confundido sigo, estoy indeciso:
en darme otra oportunidad,
o de estar en la soledad.
Comparo las cosas entre ellas:
como su mirar,
sus ojos, su cabello,
su sonrisa y demás.
I. Su mirada.
La mirada, se describe
como lo más dulce,
una cosa que seduce:
algo sensible.
La mirada de un amor...
la primera mirada:
se atesora en el corazón.
Llega así de la nada.
La mirada de ella:
un mirar sincero.
Le dicen bella...
pero yo no lo creo.
En cambio, la otra:
su mirada es sencilla.
No puedo describirla...
pero es linda.
II. Sus ojos.
Los ojos de una mujer
impresionan al hombre,
sea rico, o sea pobre
siempre, va a sorprender.
Te deja sin palabras,
te hace sentir flechado,
por no decir enamorado;
no te deja hacer nada.
Los ojos de ella:
ojos cristalinos.
Ojitos bonitos:
un par de estrellas.
Con honestidad digo:
que a pesar de lo sucedido,
tiene unos ojos hermosos.
Por no decir preciosos.
En cambio, la otra:
aunque no tenga eso,
sus ojos negros:
son destellos de lucero.
III. Su cabello.
Los cabellos de una dama
acapara la atención,
encanta a la razón.
¿Cómo no adorarla?
Coquetea con la cabellera
cuando va caminando.
Algunos, van mirando
su gran belleza.
De ella: cabellos llamativos,
como una hoja de otoño.
Se va en el aire, como el retoño
cuando ya ha amanecido.
En cambio, la otra:
sus cabellos negros,
lacios y suaves al tacto,
como la seda al contacto.
IV. Su sonrisa.
La sonrisa, engancha
desde la primera vista.
Alegra a cualquier artista:
deja una mancha.
Con solo una sonrisa
te compone el día...
como el mar con su brisa,
como la rima en poesía.
La sonrisa de ella:
es peculiar, reservada,
un poco limitada;
en sí, es de aquella.
Pero la otra sonrisa:
es un poco más abundante.
Es un enervante:
dulce de la vida.
V. Su piel.
Dicen que el color:
es muy importante.
Demasiado relevante:
para dar amor.
La piel de una mujer
no tiene comparación,
la razón te hace perder:
da un golpe al corazón.
La piel de aquella:
es fresca como el mar,
como la luna pintada de azul.
Como los acordes del laúd.
En cambio, la otra:
no es como quisieran,
pero no es importante
para cariño obsequiarle.
VI. Su aroma.
El olor de las féminas
tiene una magia:
tan agradable y adictiva.
Que hace que las persigas.
Una esencia única,
pura e irremediable.
Se vuelve una droga:
una enfermedad incurable.
El aroma de la otoñal:
es un perfume esencial,
de lo más primaveral,
de lo más original.
Aquella: no percibo
a qué se asemeja,
pero su esencia me deja
cuando le escribo.
VII. Su cuerpo.
Para muchos hombres,
el cuerpo de una dama
lo quieren dentro de la cama:
la convierten en trofeo.
Algunos las quieren
por la regla buena:
sin lástima, sin penas;
otros la quieren, sólo buena.
La joven esencial
no es una modelo,
y con todo respeto:
que calle con esa curva.
Aparte, la otra:
es casi lo mismo.
Pero no me interesa
una figura de novela.
VIII. Su alma.
Antes, de tocar el cuerpo
de cualquier mujer...
toca primero su alma
para que puedas, amarla.
Escúchala, apapáchala.
Cuídala si está triste,
cántale, aconséjala
que para ti esté visible.
Ella es un poco seca:
tiene un semblante humilde
y al parecer tímida.
También muy sensible.
La otra es lo opuesto:
muestra una faceta
totalmente distinta,
al de éste poeta.
Podría seguir, enumerando,
el listado interminable...
pero hasta aquí la voy dejando
para ya no seguir pensando...
✒️♥️🇲🇽🇲🇽♥️✒️
Marco Díaz.
Villahermosa, Tabasco; México.
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