Estoy confundida, pero también cansada.
Me gusta lo intenso, lo que se nota,
lo que se siente sin dudas,
lo que jamás te hace temblar.
El amor murió el día
en que dejó de doler bonito
y empezó a doler feo.
¿Te acuerdas cuando te dije
que sentía mariposas en el estómago?
Hoy beberé litros de agua
y las ahogaré,
porque ya no vuelan,
solo me desgarran.
Me alejaré queriéndome quedar,
porque me sigue doliendo
que digas que yo te di todo el amor del mundo
y tú apenas un poco,
y aun así no hiciste nada para cambiarlo.
Eres consciente, lo sabes,
y aun así sigues,
sigues repitiendo la misma herida.
Ya no tengo nada más que ofrecerte,
excepto algunos reclamos,
reproches que nacen de las cenizas de tu dichoso amor
en las que me encuentro.
Siempre quise que me dijeras
dónde más te dolía,
para amarte más ahí,
para cubrir con ternura tus grietas.
Y ahora, lo único que necesito,
lo único que te pido,
es que me ames justo donde me haces doler tú.