Cuando descubrí cómo poner fin a mis mañanas, entendí lo finito que hay del paso al más allá.
Entonces comencé a evaluar las opciones vitales que aún me quedaban y valían la pena.
Desgraciadamente mi sensibilidad y autopercepción nunca ayudaron.
El amor creí que llegaría así como las ganas de poder sobrellevar una vida que todavía sigo inventando.
Siendo siempre una segunda opción, siendo alguien que no sé si soy, siendo alguien que nunca conecta del todo con su exterior.
Entonces llegué a la conclusión de que podría irme en una semana si quisiera.
Sigo sin entender tantas cosas y a la vez percibo todo con tanta intensidad como si las energías quedaran pegadas a las mías. Percibo todo del otro y no lo puedo controlar.
Quisiera reconstruirme internamente para poder apreciar bien las cosas de la vida. El sentido se dispersa cada vez más, ojalá siguiera acá. No me destruyas más.